MARÍA
QUINCEAÑERA
Valladolid 5 de Septiembre de 2009
María, mi adorada nieta quinceañera: Te deseo un día
tan magnífico que la dicha se te cuele en el corazón de modo y manera que te
haga sentir especialmente buena, bonita y singularmente feliz.
Imaginar no cuesta dinero ¡qué maravilla! Y cumples
tus floridas primaveras, muy señalado día para echar a volar la imaginación y
hacerme la ilusión de que te tengo a mi lado y contemplo tu preciosa carita
morena llena de gracia, tus ojazos negros rebosante de alegría y en tus labios
luciendo una sonrisas inteligente, franca, contagiosa, tu cuerpecito espigado…y
disfruto de lo lindo con la quimérica idea que cumplo, como tú, quince años.
¡Idear utopías también es gratis!
María, se dice, y yo lo creo, que Dios está contento
cuando nos ve felices, así que tú dale un gran alegrón mostrándote
jubilosamente alegre y dichosa.
María de mi corazón, escucha y créeme: las personas
que merecen la pena, esto es, las que poseen inteligencia racional y emocional
son optimistas, comparten sus sentimientos con los demás, toleran las críticas
y, para decirlo todo de una vez, como han venido al mundo para querer y ser
queridos, cifran sus felicidad en hacer dichosos a los demás. Simplemente
genial que tú seas una de ellas, ¿qué tal intentarlo?
Querida María, otra cosa voy a desearte: una buena dosis de sentido
del humor, porque el sentido del humor bien desarrollado saca de las cosas lo
bueno y lo divertido, llenando un mundo de risas y alegría.
La vida, María, empieza todos los días, cada mañana,
así que tírate de la cama animosa, alegre como un jilguero, bien dispuesta a la
alegría, con el firme propósito de no entristecerte por nada ni enfadarte con
nadie, siempre a punto de ser útil y necesaria a los demás.
Se inicia un nuevo curso, como conozco tu afán de
superación, hala, a estudiar con ahínco, que saber es mágico, conocer las cosas
por dentro, su funcionamiento. Según los cerebros privilegiados que saben por
donde andan, dicen que el saber es el alimento del alma.
María, María, María, que tus ilusiones, imagino que en
cascada, se te hagan realidad palpable y visible, entre tanto ahí te van cien
abrazos y mil besos de tu abuelo, Félix.
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