Historias de toda una vida

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viernes, 22 de agosto de 2014

05 MARÍA QUINCEAÑERA



MARÍA QUINCEAÑERA
Valladolid 5 de Septiembre de 2009
María, mi adorada nieta quinceañera: Te deseo un día tan magnífico que la dicha se te cuele en el corazón de modo y manera que te haga sentir especialmente buena, bonita y singularmente feliz.

Imaginar no cuesta dinero ¡qué maravilla! Y cumples tus floridas primaveras, muy señalado día para echar a volar la imaginación y hacerme la ilusión de que te tengo a mi lado y contemplo tu preciosa carita morena llena de gracia, tus ojazos negros rebosante de alegría y en tus labios luciendo una sonrisas inteligente, franca, contagiosa, tu cuerpecito espigado…y disfruto de lo lindo con la quimérica idea que cumplo, como tú, quince años. ¡Idear utopías también es gratis!

María, se dice, y yo lo creo, que Dios está contento cuando nos ve felices, así que tú dale un gran alegrón mostrándote jubilosamente alegre y dichosa.

María de mi corazón, escucha y créeme: las personas que merecen la pena, esto es, las que poseen inteligencia racional y emocional son optimistas, comparten sus sentimientos con los demás, toleran las críticas y, para decirlo todo de una vez, como han venido al mundo para querer y ser queridos, cifran sus felicidad en hacer dichosos a los demás. Simplemente genial que tú seas una de ellas, ¿qué tal intentarlo?

Querida María, otra cosa  voy a desearte: una buena dosis de sentido del humor, porque el sentido del humor bien desarrollado saca de las cosas lo bueno y lo divertido, llenando un mundo de risas y alegría.

La vida, María, empieza todos los días, cada mañana, así que tírate de la cama animosa, alegre como un jilguero, bien dispuesta a la alegría, con el firme propósito de no entristecerte por nada ni enfadarte con nadie, siempre a punto de ser útil y necesaria a los demás.

Se inicia un nuevo curso, como conozco tu afán de superación, hala, a estudiar con ahínco, que saber es mágico, conocer las cosas por dentro, su funcionamiento. Según los cerebros privilegiados que saben por donde andan, dicen que el saber es el alimento del alma.

María, María, María, que tus ilusiones, imagino que en cascada, se te hagan realidad palpable y visible, entre tanto ahí te van cien abrazos y mil besos de tu abuelo, Félix.

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