Historias de toda una vida

Cartas que agrada recibir

sábado, 13 de diciembre de 2014

AGUSTÍN BEATIFICACIÓN



AGUSTÍN BEATIFICACIÓN

Valladolid 12 de Diciembre de 2009
Estimado Padre José: Perdón por la demora en mostrar mi agradecimiento por la fina atención del envío de la biografía de Agustín, que, por supuesto, he leído y releído con máximo interés, no sin quedar un tanto, un mucho, desconcertado por darse la extraña circunstancia de tener de Liébana desfavorable opinión, motivada por haberse mostrado conmigo, -sobre todo con mis hijos- en plan gárrulo desbordado, acaparador total de la conversación, contando chiste sin fin, no precisamente graciosos, y actuando tan desatento y displicente que, en verdad, me dejo muy herido.

Pero vemos a ver, en modo alguno quiero ejercer de abogadillo del diablo y como, además, también me inclino por la paz y la alegría, creo que está puesto en razón reconsiderar los hechos, poniendo en ello una buena dosis de sentido común para hacerme cargo de que lo tendría merecido, pues si en opinión de infinidad de personas fue Agustín un ser excepcional, un santo sacerdote, sumamente inteligente que sobresalía por su alegría, entusiasmo, optimismo y cordialidad, con tanta sensibilidad y lleno de calor humano.
Si era así, que  amaba siempre, nunca rechazaba ni hería ni hacía daño, si su espíritu se resolvía con la acogida, la compasión, el perdón, la ternura y la misericordia, la lógica conclusión es que el desencaminado soy yo, porque la diferencias en nuestro arte de vivir existía un abismo. O dos.
Perdón por el atrevimiento de reenviarle esta carta que en su momento, y tal cual, envié a mis hijos, dado que el único interés que puede tener es aclarar meridianamente que en las épocas que Agustín y yo respiramos el mismo ambiente nuestro modo de actuar no coincidían precisamente.

Con absoluta sinceridad deseo que su trabajo encaminado a alcanzar la beatificación de Agustín tenga pronto resultados satisfactorios.

Atento y agradecido saludo

viernes, 12 de diciembre de 2014

NI SANTO NI CANTO


NI SANTO NI CANTO  

Valladolid 20 de Febrero de  2007
Muy señor mío: Hace muchos, muchos años, la friolera de setenta, cuando yo no era más que un atolondrado mozalbete, en compañía de otro irreflexivo mozuelo cometimos una solemne estupidez merecedora de un par de sonoras bofetadas. Pero el tal hecho tuvo lugar en los enrarecidos días de la guerra incivil y manipulado y sublimado dio pie a que la Justicia nos castigase con severidad. Saldamos nuestra deuda con la sociedad con no pocas humillaciones y varios meses de reclusión. O sea, que no se trató de un hecho truculento merecedor de una condena de por vida a galeras.
No seré yo, en modo alguno, quien escatime a nadie los muchos méritos que le puedan adornar para ser encumbrado a lo más alto de los altares, pero cada quien cuenta la feria según le va en ella. Vamos ver, la notabilísima virtud o actitud que según mi humilde punto de vista ha de ennoblecer la personalidad de un ministro de Dios, saber perdonar y olvidar los fallos de los demás, en el caso del P. Agustín y mi persona brilló cegadoramente por su ausencia.
Como el más severo juez para el que nada significó eso de redención ni rehabilitación, despreciando olímpicamente el respeto debido al derecho ajeno, es decir, sin una brizna de amor al prójimo ni caridad cristiana, de por vida continuó castigándome, propalando a los cuatro vientos mi nefasta conducta. Abundan los testimonios que me indican que donde quiera que estuvo, fue o vino, sin consideración alguna se ensañó conmigo, que jamás le hice mal alguno, pintándome siempre como un despreciable malhechor.
Después de mi indisculpable villanía dos veces se cruzaron nuestras vidas. En la primera me acompañaban un par de amigos y sin venir a cuento, a quemarropa, contó de pe a pa mi miserable proceder. En la segunda se superó, resultando incomparablemente peor, puesto que en ésta quienes me acompañaban eran mis seis hijos y varios parientes, y fuera de toda razón, incomprensiblemente, de nuevo contó con lujo de detalles y de la manera más denigrante para mí la oprobiosa canallada.
Una docena de testigos pueden dar fe del hecho. El comentario de mis hijos, lógicamente, fue: “Papá, si ese señor cura es tu amigo, nunca hemos conocido a nadie más indigno de llamarse amigo y además ser cura”.
Pese a estar así las cosas, siempre opté por la prudencia del silencio, pero ahora me resulta difícil asumir lo suyo.
Por supuesto, no he leído su libro, pero no ha faltado quien me informe que, aunque silenciando mi primer apellido, ha venido usted –autor de él- a rematar la faena eternizando en letras de molde mi deshonrosa acción. ¿Qué daño le he hecho yo? ¿Qué razón le asiste?
En realidad quizá lo que me corresponda hacer es agradecer su encomiable detalle: Resulta verdaderamente emocionante figurar nada menos que en la biografía de un santo, aunque sólo sea representando el papelón del malandrín que cometió un pecado inaudito e imperdonable.
Estoy considerando recurrir a la Justicia en demanda de amparo contra el atropello que cometen conmigo.
Atentamente:

P.D. Reconsiderada la cuestión, de acuerdo, de acuerdo, en una ocasión maté un gato, para siempre matagatos.
He quedado marcado por un estigma que jamás podré borrar, pero no paran ahí las cosas, hay más; tengo familia, honorable, supongo, por ejemplo, mi hermano, un digno sacerdote que no se dedica a infamar a la gente, sino a luchar denodadamente a favor de los necesitados; mi hermana, una maravillosa monjita, mis hijos... a quienes la chiquillada cometida el año catapún y que ustedes hasta el día de hoy elevan a la categoría de asombrosa perversidad, siempre algo les salpica.
Por favor…

jueves, 11 de diciembre de 2014

PELICULAS DE RISA



PELICULAS DE RISA
11 de Diciembre de 2001 Valladolid
Queridos hijos: Me río de mí mismo y me llamo viejo caduco y sentimentaloide porque cada día soporto peor las películas de violencia, terror, angustia, tragedias, dramas y las que acaban mal, o sea,  que descarto todos los géneros menos dos: las comedias y las de risa.
 Demasiados reversos tiene la vida real para además tragar tales sapos. Uno desea pasar un rato alegre y divertido y si lo que ofrecen es un mal trago, pues no, gracias.
 Los tiempos no son los de antes que era cosa obligada que las películas acabasen bien, hasta tal punto son bien conocidos los casos que a más de un director eminente le impusieron los productores un cambio de desenlace para que el público no saliera deprimido de la oscuridad de la sala.
Ciertamente no es correcto acudir al cine a que te hagan cosquillas en las alegraderas viendo triunfar a los buenos, al amor, a la justicia, a los forajidos hincar el pico como ocurre en los western dignos del nombre, y salgas con el corazón en un puño, porque lo único que muestran son tragedias e injusticias, y, por  añadidura, con un THE END fatal, pues más bien parece que los finales felices hoy por hoy quedan descartados, exigiendo lo contrario, así como es obligado alimentarse de personajes negativos, malhablados, horteras, soeces y fatuos interpretando papeles lamentables: cornudos, villanos y bribones con las intenciones más innobles, alardeando de una mala uva descomunal.
Films con argumentos mezquinos y necios, puesto que lanzan veneno, barbaridades y balas a mansalva que matan hasta al apuntador.

Hijos, decididamente ni yo para él ni él para mí; en absoluto me seducen las películas inmorales y sin sentido de acorde con la catadura moral de los guionistas, directores y actores que triunfan el día de hoy

Besos y abrazos

miércoles, 10 de diciembre de 2014

SOY UN MADRUGADOR IMPULSIVO




SOY UN MADRUGADOR IMPULSIVO

Valladolid 10 de Diciembre de 2001

Queridos hijos:  Soy un madrugador impulsivo, tanto que hasta me pregunto que a qué viene tirarme de la cama antes de romper el día, cuando aún brillan las estrellas en el cielo, pero bueno, a si es y así ha sido siempre sin que me haya ocasionado malestar alguno, al contrario, me levanto animoso, haciéndame la idea de que voy a tener un buen día, irrepetible si es posible, viviéndole plenamente conmigo mismo y con los demás, pues no me ha de faltar ilusión y diversión.

Leo, escribo y para eliminar la rigidez después de la inactividad de la noche paseo, correteando por los pasillos de la casa, o bien barriendo y fregando el piso de la cocina, que es que es un estimulador de la circulación sanguínea del cerebro y de algún modo llena con cargas de energía las pilas vitales.

Con todo ello voy tomando conciencia de mis actos y hallando razones bastantes para estar agradecido y satisfecho por todo lo que he recibido y disfrutado. Esto pese a que bien se sabe que al viejo que al levantarse de la cama no le duele nada es que ya esta muerto, procuro ver las cosas a través de un cristal de color rosa, que es la mejor manera de soslayar los problemas.

Pero... nunca falta un pero, ni alguna circunstancia negativa que echa por tierra los buenos propósitos para el nuevo día que había recibido como milagro por haberme hallado vivito y coleando, motivo sobrado para aprovecharlo y saborearlo como si fuese el ultimo de mi existencia, y en vez de eso, ocuparme en dar excesiva importancia a las cosas que nos hacen infelices, o sea, que como se suele decir, la amolaste, But Lancaster, porque da clara evidencia de que soy un individuo con escaso “taliento en el celebro”.

Hijos,  por favor, evitar imitar a vuestro viejo padre.

Besos y abrazos