Historias de toda una vida

Cartas que agrada recibir

domingo, 12 de enero de 2014

CALMA INTERIOR



CALMA INTERIOR
     
 Valladolid,  3 Enero de 2002

        Queridos hijos: El hogar de la 3ª edad, una colmena de antañones, es el lugar más indicado para observar el modo y la manera de ser y comportarse de los abueletes. Los hay que a medida que van envejeciendo tienden a acentuar características positivas de su personalidad, y son más amables y generosos, se vuelven más estables emocionalmente, se llenan de calma interior. Y otros, con el paso de los años se agrian y se vuelven gruñones y huraños.

        Al “Centro de juventudes” acudimos mayoritaria y preferentemente a manosear naipes y por poco observador que uno sea cae en la cuenta que el juego es el mejor de los psicólogos. A cualquier persona con las cartas de la baraja en la mano le resulta inevitable poner de manifiesto los rasgos distintos de su persona, su manera de ser y actuar, su personalidad, su carácter. Así ocurre que jugando la cotidiana partida de mus topas con todo tipo de personajes y maneras de divertirse: los hay prudentes, nerviosos, broncos, ventajosos, gritones, impulsivos, egoístas, irritables, pacíficos, fogosos, sabihondos, fanfarrones, jactanciosos… O sea, que según se juega, se es, y, lógicamente, con tan amplia variedad de personalidades no resulta difícil se susciten escaramuzas que no pocas veces se resuelven con gritos e, incluso a cachavazos.

        En nuestro grupo tampoco faltan los conatos de discusiones, porque haber impulsivos, ahylos, pero la sangre nunca llega al río, en general reina la calma ante la consideración de que acudimos al “Desguace” en busca de un rato agradable, no camorra. Entre mis amigos más íntimos no faltan los que al primer vistazo se advierte que gozan  de facilidad innata para mantener la calma. La calma y la serenidad son claros síntomas de encontrarse bien consigo mismo. También es cierto que todos, más o menos, mantenemos calma y ante cualquier conflicto echamos mano de sentimientos positivos: la comprensión, la amistad, la generosidad. Llegado el momento sabemos escuchar, y hasta ponernos en el lugar del otro: Resulta beneficioso contar con amigos con quienes compartir gratos momentos de ocio y mantener amenas charlas. O sea que, pase lo que pase, no olvidamos las buenas maneras.

        Y aún hay más. Se dice que la fuente de la generosidad es el ser útil a los demás. Pues bien, existe otro grupo de viejitos admirables, los voluntarios que olvidaron los propios achaques, han descubierto un nuevo motivo para ser felices sintiéndose útiles, necesarios y valiosos para los demás y ofreciendo ayuda sin recibir nada a cambio, lo que sin duda les proporciona grandes dosis de satisfacción.

        Hijos, yo cuando sea viejo quisiera ser como ellos. Es decir, querer lo que se dice querer, ya quiero serlo desde ahora, pero no acabo de arrancar, soy un cobardita.

        Besos y abrazos,

sábado, 11 de enero de 2014

OPTIMISTA



OPTIMISTA
          Valladolid    3 Enero de 2002


Queridos  hijos: Mi padre, vuestro abuelo Víctor, era más bien tímido y pesimista; mi madre animosa y optimista, mis genes o carácter heredado se inclina al paterno, por lo que si un buen día se me apareciese el famoso genio de la lámpara maravillosa ofreciéndose a concederme un deseo, tengo muy claro que le pediría poseer la capacidad para ver siempre las cosas por el lado amable y esperanzador, vivir como si todo me fuera de maravilla, ir por la vida gozando, relajado y risueño. Dicho de otro modo, pertenecer a esa clase de gente especial que al tener por lema, “No te preocupes, sé feliz”, desprenden una energía positiva capaz de alegrar al más triste.

        Bueno, vamos a ver, porque en realidad esto es cierto sólo a medias. De hecho cada uno de nosotros lleva dentro de sí una cierta dosis de ilusión y desaliento, de entusiasmo y depresión. Es decir, que lo ideal sería, ni pesimismo irredento ni optimismo indomable. Hay pesimistas realistas que son positivos, se concentran mucho y, digamos que sufriendo y luchando se relajan, ganando en optimismo. Tampoco faltan optimistas extremos, llenos de loca euforia y la autoestima tan por las nubes que se desconectan de la realidad.

        Bien, pero el tipo de optimismo que yo pediría al mago es el que llena el corazón de conmovedora confianza en la especie humana, en la paz mundial, en la fraternidad de los hombres, en la erradicación del hambre…

        Se dice, será otra mentira, que está a punto de ponerse a la venta la maravillosa píldora del optimismo con lo que todos viviremos felices y confiados, viendo el mundo a través de un cristal de color rosa. Espero el milagro lleno de entusiasmo. Entre tanto he echado a volar la imaginación hacia el pasado, hasta el lejano año 1952, cuando viajando hacia México en un viejo cascarón llamado Marqués de Comillas  por el Caribe nos azotó la cola de un ciclón, haciéndonos bailar de lo lindo , con cierto peligro de naufragio. Bien, si tal accidente hubiera tenido lugar, doy ahora en pensar que no hubiera estado nada mal tener a mi lado a dos tipos de personas, un pesimista y un optimista, mi padre y mi madre, por ejemplo, mi progenitor por su capacidad pesimista de analizar la peligrosa situación con todo detalle y consecuentemente resistir a todas las dificultades; la autora de mis días resultaría imprescindible para mantener viva la esperanza. Sin su ánimo, la energía de mi padre podría desvanecerse. En fin, pues eso, ¿qué hubiera pasado?

        Hijos, resumiendo, la realidad suele ser distinta, pero al optimista feliz que le quiten lo bailao.

                                                      Besos y abrazos,

                                           

viernes, 10 de enero de 2014

SI TE QUEDARAN DOS MESES DE VIDA, ¿QUÉ HARÍAS?

Me consta que te preparaste para el momento de tu partida.
Hoy sólo quiero desearte dulces sueños.


SI TE QUEDARAN DOS MESES DE VIDA, ¿QUÉ HARÍAS?

Valladolid, 4 de Noviembre de 2001

       Queridos hijos: Por estar en días de recordar a los difuntos se me ha ocurrido plantear a los amigos que, tomándoselo como una realidad y no como un disparate, responder a esta pregunta: si les anunciasen que les quedaban dos meses de vida, ¿Cómo afrontarían el hecho? ¿Qué harían?
       Como cada uno tiene sus prioridades, los más intrépidos aseguraron que lo aceptarían con serenidad, pues si la cosa venía así, sin posibilidad de cambio, así la aceptaban. Otros encontraban muy triste verse tan pronto bajando al sepulcro, y para ellos  los dos meses resultarían desagradables, ásperos y espinosos. Una señora dijo que lo que ella hería es prepararse para una buena  muerte con confesión general y rezar, rezar y rezar; otra opinó que tomando en consideración  que el fin de esta vida es el inicio de otra mejor, la cosa no resulta tan trágica. Siguen los pareceres: me gusta tanto la vida que no me gusta hablar de la muerte, dijo uno; otro, que prefería no haber nacido para no tener que morir, otro más, que bebería para olvidar lo breve de su vida...
       Los que se consideran inmortales, pese a la advertencia de planteárselo en y ser sinceros consigo mismos, se lo tomaron un poco en chirigota y aseguraron, uno que se fugaría con una rubia; otro que montaría en globo y saltará en paracaídas, un tercero que mandaría a la porra a su jefe, el siguiente, montaría una fiesta por todo lo alto con todos los amigos y les obsequiaría con un viaje al Caribe. Uno hubo que aseguró iba a organizar unas honras fúnebres tan solemnes y espectaculares que dejaría a la gente envidiosa,  deseando ser el muerto...
       Pero imaginemos que esto es así, que es real, ¿Qué haríamos?
       Lo más probable es que la inmensa mayoría  quedásemos aplastados, sin saber que hacer, aferrándonos a la vida, a la improbable  esperanza de seguir en la tierra un poco más. Por supuesto, no faltarían temerarios que creyéndose imperecederos despreciarían los dos meses sin  desesperarse demasiado.
       Sin embargo, sea cierto o fantasía, lo que entonces deberíamos haces es lo que tendríamos que estar haciendo en este momento ¿Qué esperamos? ¿Acaso sabemos cuanto nos queda de vida?
                                                                         Besos y abrazos,

EMOCIONANTE EXPERIENCIA

EMOCIONANTE EXPERIENCIA
                                                             Valladolid 10- Enero 2002

Queridos hijos: Hablar de Dios resulta complicado, sólo los teólogos… Es decir, ¿Entienden los teólogos a Dios?

Más bien creo que la Teología es una ciencia ociosa dado que la cabeza del hombre es demasiado chiquita para que quepa en ella tanta grandeza, y por consiguiente ¿qué pueden saber los teólogos, ni nadie de tan insondable misterio? Las cosas de Dios sólo las entiende Dios.

       O séase, que Dios es cosa de fe, y la fe, ya se sabe, es la falta de pruebas, ya que es creer lo que no se ve. Con  milagros  palpables la fe sería innecesaria, si alguien regresase a la vida después de la muerte, ese misterio indescifrable para nosotros, la duda no existiría.

Bueno, lo habréis oído, parecer ser que, sobre poco más o menos, es lo que les ocurre a las personas de alguna manera han pasado por el trance de la muerte, esto es, quienes atacados por gravísima enfermedad han estado clínicamente en el otro mundo y han regresado contando con enorme emoción la experiencia vivida: Transitar por un túnel en medio de un esplendoroso resplandor con la inefable sensación de que su espíritu se dirigía hacia el lugar de origen a fundirse con algo sobrenatural.

Por lo que se cuenta, los que han pasado por tal asombroso trance, la visión les ha cambiado la vida, creyendo en Dios a pies juntillas.

Por supuesto, creer en Dios es importante y amarle en el prójimo, no egoístamente, confundiendo al Creador con un señorón de derechas a quien hay que agasajar con el único propósito de lograr un buen butacón el cielo.

Hemos venido al mundo para vivir lo mejor posible, pero con ciertas limitaciones, porque resulta de todo punto intolerable que mil millones de personas pasen hambre en el mundo en tanto que nosotros vivimos  en el consumismo y el despilfarro.

Vistas las inauditas atrocidades que se cometen, ¿es el hombre el rey del mundo? Más bien es un depredador, un devorador insaciable, un mono trastornado, un idiota que trata de enmendar la plana a la sabiduría de Dios, a un Dios que a veces se antoja pensar que no es católico, ni protestante, ni judío, ni mahometano...que Dios es Dios y sanseacabó y sanseterminó.

  En fin, hijos, cuando se halla en el plano inclinado de la tercera edad a punto de entrar en la cuarta, resulta conveniente mirar arriba, a las estrellas, no a los charcos.

 

Besos y abrazos

martes, 7 de enero de 2014

AMOR A SÍ MISMO



Amor a sí mismo

Valladolid  7 Enero de 2002
Queridos hijos: El precepto “Amarás al prójimo como a ti mismo” no es una virtud que se practique mucho en la actualidad. No está de moda el amor a los demás ni el amarse efectiva y positivamente a sí mismo. Más bien la realidad está en radical contrariedad, porque  lo que priva es el egoísmo.

        Sería estupendo que los seres humanos, por ser hermanos, nos amásemos, incluyendo el amor a sí mismo, por la sencillísima razón de ser un ser humano más. Pero aquí está el quid de la cuestión, el tal amor a si mismo ha de ser racional, genuino, que suponga anhelo de superación, cuidado y respeto a sí mismo, responsabilidad…
Existe el otro amor a sí mismo irracional y engañoso que busca con excesivo interés lo que se juzga mejor para él: dinero, fama, éxito lo que en absoluto es el verdaderamente interés del ser humano, porque no acarrea felicidad. Tener por suprema norma en la vida el propio interés si no es egoísmo se rige por las mismas normas. 

        Dirigir todo el amor del corazón hacia la propia persona sin dejar el mínimo lugar para nadie más, sentir sólo placer en recibir y no en dar es transitar por la vida por un camino equivocado que no conduce a la dicha de nadie, ni propia ni ajena. Quienes no van más allá de sí mismo y los demás les interesan únicamente desde el punto de vista de la propia utilidad, está claro que no se quieren demasiado, sino muy poco, más bien nada, en realidad se odian. La cosa no puede ser más evidente, retirar el amor al prójimo para volcarlo sobre sí mismo es egoísmo y narcisismo puro y duro.

     Hijos, quedad bien enterados que en la persecución del interés egoísta no hay felicidad.

             Besos y abrazos,

lunes, 6 de enero de 2014

EL ARTE DEL BUEN COMER



EL ARTE DEL BUEN COMER 05-Enero-2002
            Queridos hijos: Hoy es una fecha un tanto particular en la que me hallo especialmente sensible ante esta cuestión: Nunca seré más joven que hoy, que es el último día de mi existencia.
Que cuento con 79 años, mañana seré octogenario, título que no todos alcanzan; entonces, vamos a ver, lo juicioso no es lanzarme a lamentar  tener fecha de caducidad, como los yogures, o sea, que el mas allá, está cada vez más acá, sino ponerme a considerar  que a los ochenta se puede ser enormemente joven, excusa válida para celebrar una fiesta con el correspondiente auto agasajo, practicando el arte del buen yantar, que es convertir el acto de comer en un placer para los sentidos y para la inteligencia. Para ello nada mejor que preparar de manera rápida y sencilla, pero sabrosa y jugosa unos langostinos con sus buenos bigotes, que son garantía de noble calidad.
Salpimentar el marisco y cocinar en aceite, limón, laurel y picante. Cuando tome color flamear con whisky y vermut; con esta receta los crustáceos destacarán al máximo su olor y su sabor.
Tampoco harán mal papel unos filetes de solomillo de ternera  a la pimienta. Elaboración: Sazonar la carne con sal, cubriéndolos por ambos lados con pimienta triturada, ayudando con los dedos para que quede incrustada. Dejar macerar. Freír en aceite a fuego fuerte y reservar calientes. Verter coñac en la grasa de freír los solomillos, añadir leche ideal y harina de maíz diluida en un poco de agua y ligar; cubrir la carne con la salsa y a saborear tales exquisiteces con calma, que ya se sabe que quien come despacio come dos veces.
Hijos, no me envidiéis y desead que la bendición de Dios todopoderoso caiga sobre estos gustosos manjares para que me den fuerza, salud y alegría… amén, amén, amén.
Besos y abrazos: Félix