
Valladolid a 2 de Agosto de 2001
Querida hija: Tus hermanas y tu padre siempre a
vueltas con el peso, si con sacrificio logramos perder algún kilillo, para
celebrarlo los recuperamos. Así son las cosas de la gordosidad, cuanto peor se
siente uno, más come, y cuanto más come peor se siente, ironías de la vida de
las que tú ya estás a salvo.
Han pasado 120 días y restablecida de
la herida abierta y logrado expulsar, echar fuera del cuerpo titipuchal de
kilos de chichi y tocinillo, que por supuesto no ha resultado fácil, y lo que
aún te queda por batallar, pero has triunfado en toda línea en la lucha contra
tu gordinflosidad, lo que te ha de hacer
sentir por entero satisfecha contigo misma y llena de vibraciones de
alegría, porque uno de los secretos de la vida es trazar e iniciar un objetivo,
seguir avanzando firmemente hacía la final consecución, y al mismo tiempo
saborear los días que vas invirtiendo en ello.
Van 120 e-mails, sin faltar uno, y
voy empezando a considerar que misión cumplida, pudiendo, satisfecho, liberarme
del compromiso del correo electrónico cotidiano. Continuaré, qué duda cabe,
pero ya no tan asiduamente, ni para ti en exclusiva, para todos los hijos en
general y a intervalos diferentes, semanalmente, por ejemplo, por la sencilla
razón de que no me necesitas puesto que tu salud, tu figura y circunstancias
son otras, eres otra, con nueva personalidad, plena vitalidad y lozanía, y como
salud y alegría belleza cría, eres otra Pilar más guapa, más esbelta, más
jovial, más andarina y nadadora, con mejor ánimo y buen humor, hasta mejor
persona, para decirlo todo de una vez, y en virtud de ello quiero verte
dedicada con toda la ilusión del mundo a la importante tarea de dar cariño y crear alegría para ti y para
los demás.
Tu padre, que te abraza, desea que en
tu corazón nunca falten amor y alegría.
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