HIJA SE FELIZ
Melilla 22 de Abril del 2001
Querida hija: Con
el primer albor, arriba, anticipándome al sol, y con el frescos mañanero la
mente, digamos que en plan afilosofada se lía a maquinar que tú, yo y toditito
el mundo queremos por encima de todo alcanzar ese estado de ánimo que se llama
felicidad. A ver si me explico, porque, entenderlo, puede que algo comprenda,
pero exponerlo no me resulta fácil:
La felicidad es
una ilusión, la ilusión de todo ser humano; la felicidad es un conjunto de
cosas buenas que cualquier hombre es incapaz de no querer; la felicidad es
conseguir los sueños juveniles; la felicidad consiste en vivir hacia delante
con esperanza; la felicidad revolotea a nuestro
alrededor, pero no llega a invadirnos enteramente si nos falta un gran
ingrediente: el amor. Los que bien lo saben aseguran que el amor es la clave de la felicidad, por el amor tiene
sentido la vida. El amor es la gran fuerza que nos impulsa a recorrer el camino
de la vida.
Por supuesto,
existen muy variada diversidad de estilos y formas de amar, todas válidas: a
Dios, a la familia, al prójimo, al trabajo, a hacer las cosas bien, a la
justicia... Tú que tienes el corazón rebosante de amor a tus hijos, esposo,
hermanos, padre, que es un santo, etc, etc... bien sabes que este es un
sentimiento grato gozoso y alegre, mediante el cual quedamos prendados de los
demás. El amor es el supremo regalo que nos hace el Creador, gracias al cual la
vida se ilumina y todo lo que toca cobra un relieve especial. Pero, ¡ojo! Que
es el amor un sentimiento sutil y delicado que hay que alimentar a base de
constantes pequeñas cosas que la vida ofrece y con las que debemos aprender a
conjugar el verbo "ser feliz".
Hija, se feliz,
porque, mira, repito lo que dice el poeta:
¿Qué más quieres?
¡Si te lo han dado todo hecho!
¡Si te han puesto en el camino!
¡Si te impulsan a correr en pos de la
felicidad!
¡Pues corre, se feliz!
¿Qué más quieres?
Abrazos
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