Historias de toda una vida

Cartas que agrada recibir

domingo, 28 de noviembre de 2010

"RENTA PER CÁPITA"


17/11/2010

 Querida Rebeca: Por la tele me entero de que cada vez es mayor el número de suicidios en los países de mayor nivel de vida. Lo cual quiere decir que ponemos el listón muy alto, esto es, ambicionamos ser cada día más ricachones, y cuando logramos saltarlo, cuando vivimos como nunca antes se había vivido, van y se quitan del medio.
 
Que me explique quien pueda qué es lo que quieren.

Ocurre que hemos dado en creer que la felicidad va unida al nivel  de vida, a la "renta per cápita" y ahora resulta que se quitan la vida los que mejor viven. Vamos a ver, ¿Vivir mejor es acabar suicidándose?

Creo, de verdad, que en lugar de preocuparnos tanto por la renta per cápita resultaría bastante más inteligente preocuparnos por la "felicidad per cápita".
 
Confundir bienestar material: apartamento en la playa, piso de lujo, cochazo...a la vista está, no es ir por buen camino.

Tú cómo lo ves ¿bien, mal o regular? 

                                 Adiós, besos.
 
                                       Félix 

sábado, 27 de noviembre de 2010

QUERIDOS ALONSOS

Queridos hijos y algún que otro nieto de “Yayo Félix”: Soy Marisa, la amiga de Pili.
Como imagino ya sabéis, este Blog acaba de comenzar su andadura y como tal necesita limar fallos.
Está creado principalmente para publicar esas maravillosas cartas que vuestro padre y abuelo os ha escrito  a lo largo de toda una vida, cargadas de amor y enseñanzas, no exentas de aguijonazos, pero ¿Sería igual el yayo Félix sin esa fina ironía? Todos sabemos que no y que ese “pequeño detalle” es lo que le hace ser un gruñoncete adorable.

Me consta que es un orgullo para todos vosotros haber sido educados por él, tanto como para mí ser considerada, una de sus buenas amigas en el sentido más amplio y respetuoso de la palabra.

Félix ha sido –y es- un padrazo y un abuelo enamorado de la vida hasta el punto que a muy poco de ingresar en la edad nonagenaria, sigue con inquietud por aprender para poder seguir enseñando. Uno de sus últimos retos es manejar bien el ordenador y a fe que lo está consiguiendo. ¡¡Qué os voy a contar que no sepáis!!

Desde hace tiempo, al igual que todos vosotros, soy depositaria de esas cartas y con su total y absoluta confianza, he creado este Blog y así mismo publicaré en él también las de nuevo “cuño” que casi a diario continuamos recibiendo de su propio puño y tecla.
Evidentemente las de carácter privado continuarán siéndolo por los siglos de los siglos.

Me gustaría recibir vuestras opiniones y sugerencias para mejorar el aspecto tanto externo como interno del Blog y si queréis me enviáis alguna fotografía para ilustrar los textos.

Cualquier sugerencia será tenida en cuenta; las críticas bien atendidas y encajadas;  los halagos –si los mereciera mi trabajo- bien recibidos  y los comentarios para que el Yayo se sienta feliz, publicados y contestados de inmediato.
Sería bonito que le dejarais alguno en cada entrada. Estoy segura que le encantará leeros.
También sería bueno que le paséis la dirección del Blog a vuestros contactos, para que cada día reciba más visitas.

Os invito también a visitar mis Blogs pinchando los enlaces que tenéis a la derecha.

Enhorabuena por el padre y abuelo que la vida os regaló. Me honra saber que quiere mucho a mi familia y que de alguna manera siente a mis hijas como nietas; sobre todo a Laura.
El cariño es recíproco. Os lo aseguro

Marisa Pérez

martes, 23 de noviembre de 2010

AUTORRETRATO

        A este "Autorretrato" que me envía el Yayo Félix como añadidura diré, que a sus 89 años y 11 meses (el presume de 90) sigue aprendiendo para enseñar, escribiendo para no olvidar, leyendo para recordar, cocinando como afición y manejando el ordenador para sus escritos igual o mejor que cualquier quinceño.

    Valladolid, 23 de noviembre de 2010

Rebeca, querida nieta: Sócrates, ya sabes, ese antañón griego con mucho “taliento en el celebro” aconsejaba conocerse uno así mismo. Pues bien, he escuchado su advertencia y me he colado dentro de mí mismo, hasta el centro de mi ser para hacerme un autorretrato y siento decir que el resultado no es por entero satisfactorio, le falta, le falta mucho, pero como a mi edad no voy a cambiar, me acepto como soy, un cascarrabias sensible y sentimental, tan fácil a la emoción que a la mínima se me saltan las lágrimas, lo que tampoco es que me avergüence de ello, porque los hombre de pelo en pecho también lloran.
Pero eso sí, devoto de mis nietos y orgulloso de mis hijos. Me ocurre lo que en general a todos los padres, que los hijos y los nietos son el motor de nuestra vida. A mí ser padre de media docena de buenos hijos es lo más maravilloso que me ha ocurrido en este mundo.
Tengo el honor y el privilegio de contar con muchos amigos, de los que quiero ser muy amigo, porque tengo claro que las amistades nos alegran la vida, nos ayudan a vivir.
Para decirlo todo de una vez, soy un buen hombre, siendo más explícito, un excelente Juan Lanas que se deja manipular fácilmente el cerebro, de manera especial por mi santa mujer, pero como digo uno, digo otro, soy un individuo de gustos sencillos que en la mesa lo hago bastante bien, me gusta el lechazo asado, las cocochas, las sopas de ajo, el buen jamón y el vino bueno…Por lo demás me declaro patoso, me reconozco un manazas  con las nuevas tecnologías, tele, video, ordenador, que por poner un ejemplo de plena actualidad, ahora mismo me está detectando una amenaza con el nombre de Troyano Generic HNG. ¿Qué hago? En la fase, digamos, “intelectual” soy un gran escribidor de cartas cursis, cursis, cursis…
En tocante a lo físico, gracias a Dios, bien, bastante bien, tirando a muy bien a no ser por el incordio de la raspa que la tengo hecha purpurina y que ella me tiene a mí encorvado y caminando más lento que el caballo del malo. Pero cómo quejarme si ya noventón y veo bien, no oigo mal, el corazón palpita a buen ritmo, el estómago fenomenal, pues  si le echo cantos rodados, los mismo que digiere, por añadidura no me entero si tengo riñones, ni hígado, ni bazo ni nada de todo eso. Ah, el vientre como un reloj suizo y los pulmones como un toro. Bueno, la memoria con algún que otro fallo… O séase, que soy un vejete que aún dice: mientras haya fulminante, fuego y adelante
                                Adiós, besos.

                                      Félix

lunes, 22 de noviembre de 2010

EL DÍA QUE NACÍ YO

En esta foto Filomena, su adorada madre,  aparece con su nieta y mi amiga Pili.

Valladolid, 6 de Enero de 2008
         Queridos hijos, nietos y hermanos: Hoy es para mí oficial y obligatoriamente un día para estar contento y ser feliz por cumplirse la exorbitante cantidad de 86 años que irrumpí en el globo terráqueo por la tronera del muy noble y leal Cornón de la Peña.
        He de poner de manifiesto que soy cornito por pura chiripa, es decir, por puro capricho del meteoro de la nieve. Me explico: todo el afán de la autora de mis días era que yo viese la primera luz del sol en su terruño, Villalba, un pueblo lleno de encanto y cordialidad, con habitantes de carácter franco y jovial, y como el agua siempre es motivo de alegría, bañado por el Carrión, un río pomposo, transparente y pedregoso, habitado por irisadas truchas que tanto divertía pescar al abuelo Francisco.
        Pues eso, que mi progenitora, cornita por casorio, vacunada contra Cornón y sus hijos, en absoluto encajaba en aquel ambiente y ni a tres tirones quería que mi entrada en el mundo tuviera lugar en un poblachín subdesarrollado, autoinsuficiente, somnífero y monótono en el que no sucedía nada nunca, es decir, sucedía siempre lo mismo, y para mayor desmerecimiento con no pocos de sus autóctonos que nacían, vivían y morían sin haber puesto los pies nunca fuera del pueblo, y en razón de ello gozaban de una mentalidad primitiva y selvática. Con circunstancias tales, Cornón bajo mínimos, a nadie extrañe que la aldehuela fuese atacada por la peligrosa plaga de la emigración, reduciéndola al estado de casi ni existir. Pero ya se sabe, el milagro es algo que nunca sucede hasta que sucede, es el caso del Cornón actual que por obra y gracia de unos forasteros visionarios, cual ave Fénix ha renacido de sus cenizas y vive momentos de esplendor.
        Pero voy a los hechos que conozco con no pocos detalles porque en mi época juvenil persistentemente reclamaba a la autora de mis días el relato de la epopeya de mi precipitada y emocionante aparición en el mundo.
        Los planes de mi madre respecto al lugar de mi nacimiento se vinieron abajo porque los días inmediatamente anteriores señaladas para mi aterrizaje en la bola del mundo, todo listo y dispuesto para emprender viaje, ocurrió lo peor para  los propósitos maternos: cayó una nevada de las que ya no se dan, nevada de antaño, nieve de verdad, y en semejantes condiciones no resultaba una aventura aconsejable cruzar dos leguas largas de un páramo cubierto por varios palmos de nieve a lomos de un burrote asilvestrado. Pues bien, ante la posibilidad de luchar contra los elementos, se resignó a mi estallido en el mundo cornito, porque bien considerado, lo importante no es tanto donde se nace, sino lo que hacemos mientras estamos vivos.
        No es chiste, es casi realidad, el día que nací mí madre no estaba en casa. El hecho tuvo lugar en la festividad de los Reyes Magos, que por cierto amaneció con un sol alegre y luminoso, lo que animó a mi madre, en plan paseo, a acercarse a la fuente con el botijo. Llenándolo estaba muy quitada de la pena, sin síntoma alguno de alumbramiento inmediato, cuando inesperada, bruscamente sintió un aguijonazo que la dobló por la mitad, y sin más dio comienzo ritmo doloroso. Asustada se encomendó a su tocaya santa Filomena rogando fervorosamente evitase que las cosas ocurrieren allí, no era el momento ni el lugar, pero yo, ansioso de ver mundo, no atendía ruegos ni razones y empujaba con brío hacia fuera y ella hacia adentro. En este tira y afloja, entre sacudidas dolorosas que le hacían sudar y pausas, enfiló hacia el pueblo, corriendo a trompicones, apretando los dientes y sujetándose el vientre con las manos, seriamente temerosa de  que el hijo naciera en plena calle entre la nieve. Con muchos ay, ay, ay por lo bajines, milagrosamente pudo sujetarme justo hasta llegar a casa, pero tan apurada que yo ya asomaba la cabeza, así que allí mismo, en la cocina, sin tiempo para más que arremangarse el manteo, acuclillase y dejarme caer al suelo de tierra apisonada, lo que da motivo a los malpensados, que no faltan, para cacarear que el chinchón que me ocasionó la caída es causa y razón de mi aguda cortitez, lo que no es cierto, pero da lo mismo que lo mismo da, la realidad es que pese a la insólita circunstancia nací sano, hermosote, una pella de manteca, pero, evidentemente, mis primeros momentos en este nuestro planeta azul no tuvieron lugar precisamente en un lecho de rosas: chapoteando en un charco de agua y sangre, en medio de un revoltijo de tripas, o sea, la masa carnosa que es la placenta. Qué apuros los de mi pobre madrecita, ella y yo solos; pero debido a la rica experiencia del primer parto, como buenamente pudo me colocó sobre la mesa, apañó el cordón umbilical atándolo con la cinta con la que se sujetaba el moño. Con un puchero de agua caliente que siempre había en la chimenea me aseó cara y culito y me envolvió en un mantón. Lógicamente yo berreaba como un descosido ávido de mamar. Tal como ella era, imagino que hablando como trinan los ruiseñores me diría, ya sé que el nene quiera la tetita de mamá, y yo sin hacerme de rogar me prendí del pecho materno apresuradamente, sorbiendo a grandes chupetones golosos. Calientito, calmado, feliz como una lombriz con la tripita llena me quedé dormido. También mi madre. Despertó ella al llegar mi padre a casa y sorprendido y emocionado pregunto lo que había pasado allí.
        Ya lo ves, esposo, explicó ella feliz y triunfante, he traído al mundo al hijo artesanalmente, de forma totalmente natural, como las mujeres en la antigüedad, asistida únicamente por la sabia madre Naturaleza, la mejor comadrona, y todo ha salido a plena satisfacción.
        Queda meridianamente claro que lo mío no fue cosa de cigüeñas, sino de los Reyes Magos que quisieron dejar en casa un magnífico aguinaldo, mi humilde personita, una criatura maravillosa para los ojos fascinados de  mis padres.

                                        Besos y abrazos 
Félix

domingo, 21 de noviembre de 2010

ESTE NUEVO BLOG...

20-11-2010

Este nuevo Blog, ha sido creado para publicar las cartas que "El Yayo Félix" ha escrito dirigidas sobre todo a sus hijos y nietos cargadas de magistrales lecciones de vida y amor no exentas de ácida ironía.

Están recogidas en varios tomos no publicados y me han sido prestados para su divulgación. Espero que disfrutéis de ellas y os ayuden a pasar ratos interesantes.

Marisa Pérez

(Arriba a la derecha encontraréis enlaces a mis blogs personales.)