Historias de toda una vida

Cartas que agrada recibir

miércoles, 6 de agosto de 2014

07 OPTIMISMO



OPTIMISMO
Valladolid Agosto de 2009

Queridos hijos y nietos: Mi padre, vuestro abuelo Víctor, era más bien tímido y pesimista; mi madre animosa y optimista, mis genes o carácter heredado se inclina al paterno, por lo que si un buen día se me apareciese el famoso genio de la lámpara maravillosa ofreciéndose a concederme un deseo, tengo muy claro lo que le diría: optimismo.
Menuda lotería poseer la capacidad de ver siempre las cosas por el lado amable y esperanzador, vivir como si todo me fuera de maravilla, ir por la vida gozando, relajado y risueño. Dicho de otro modo, pertenecer a esa clase de gente especial que al tener por lema “no te preocupes, sé feliz”, desprenden una energía positiva capaz de alegrar al más triste.
Bueno, vamos a ver, porque en realidad es cierto sólo a medias. De hecho, cada uno de nosotros lleva dentro de sí una cierta dosis de ilusión y desaliento, de entusiasmo y depresión. Es decir, que lo ideal sería ni pesimismo irredento ni optimismo indomable. Hay pesimistas realistas que son positivos, se concentran mucho y, digamos, que sufriendo y luchando se relajan, ganando en optimismo. Tampoco faltan optimistas extremosos llenos de loca euforia y la autoestima tan por las nubes que se desconectan de la realidad.
Bien, pero el tipo de optimismo que yo pediría al mago es del que llena el corazón de conmovedora confianza en la especie humana, en la paz mundial, en la fraternidad de los hombres, en la erradicación del hambre…

Se dice, será otra mentira, que está a punto de ponerse a la venta la mágica píldora del optimismo, en la que todos viviremos felices y confiados, viendo al mundo a través de un cristal de color rosa. Espero el milagro lleno de entusiasmo.

Entre tanto, he echado a volar la imaginación al pasado, hasta el lejano año de 1952, cuando viajando hacia México en aquel viejo cascarón llamado “Marqués de Comillas”, por el Caribe, nos azotó la cola de un ciclón, poniéndonos a bailar de lo lindo, con cierto peligro de naufragio.
Bien, en tales circunstancias doy en pensar que no hubiera estado nada mal tener a mi lado dos tipos de persona: un pesimista y un optimista, mi padre y mi madre; por ejemplo, mi progenitor, por su carácter pesimista de analizar la peligrosa situación y, consecuentemente, resistir las dificultades; la autora de mis días resultaría imprescindible para mantener viva la esperanza. Sin su ánimo, la energía de mi padre podría desvanecerse.

Hijos, resumiendo, la realidad suele ser distinta, pero al optimista feliz que le quiten lo bailao.

Besos y abrazos

EL MILAGRO DEL AGUA



EL MILAGRO DEL AGUA
Valladolid 6 Agosto de 2001
Queridos hijos: Pues eso, que somos un charco de agua, dos tercios del peso de nuestro cuerpo es agua monda y lironda.
De ellos, según parece, la mayoría en las células y en el espacio que las rodean, y otros litrejos en la sangre. Pero ojo al parche, quien quiera gozar de un perfecto estado de salud ha de mantener ese volumen constante, como quien dice, el nivel siempre hasta la raya de flotación, ¿cómo? Facilísimo, beborroteando el líquido elemento a placer, cuanto más mejor, dos litros mínimos diarios, o más si te apetece, y que nadie se preocupe si bebe más, que eso no acarrea ninguna mala consecuencia.

Para apiporrarse de agua existen buen número de motivos: Por sed, que se explica solo; por calor, que en estos días de sol rabioso los cuerpos necesitan hidratarse más que nunca. Por la importancia que tiene cuidar el riñón, para evitar y eliminar piedras que tanta guerra dan a algunos. Por la piel, dado que la falta de agua la arruga y envejece, contrariamente, bien empapado tiene una pinta muy vistosa, joven y sana. Para eliminar toxinas, un buen aporte de líquido limpia las cañerías de deshechos. Por la diuresis, o séase, para la pipí abundante que elimina otros líquidos del organismo. Por la edad, que ciertamente no es ninguna tontería, porque los vejetes agua poco, tendiendo a nada.
Tengo bien observado que las fuentes de los parques están siempre rodeadas por la chiquillería, nunca de abuelos que también lo necesitan. Contra la deshidratación agua, agua y más agua. Por la diabetes, ¿recordáis del Hogar Pignatelli a Santi?  Era un niño que padecía diabetes insípida con sed exagerada y bebía cantidades enormes de líquidos, hasta 20 litros diarios. Y para cerrar con broche de oro, por placer, por gozar del deleite de beber, porque el agua será todo el H2o incoloro e inodoro, pero de insípida nada, pues un buen vaso de agua fresca combinada con sed apremiante es un líquido delicioso, bebida de dioses.

Queridos hijos, venga, que merece la pena eliminar toxinas para que todo os vaya de mil maravillas.
Besos y abrazos

martes, 5 de agosto de 2014

SOPAPOS DE LUJO




SOPAPOS DE LUJO
Valladolid 5 de Agosto de 2001
Queridos hijos: Como los viejos vivimos con la ilusión de los recuerdos, hoy ha saltado del archivo de  mi memoria una anécdota de mi niñez, cuando contaba ocho o nueve años.
Mis padres  eran labradores pobres, no la pobreza más pobre, porque contaban con casa propia, algunas fincas, carro, vacas, cerdo anual, un puñado de ovejas y cabras, gallinas, burro y hasta un buen caballo, pero eran pobres porque no es cierto que todo tiempo pasado fue mejor y por aquel entonces reinaba la pobretería.
Era verano, estábamos en la era y a mí me chiflaba trillar, con la cabeza cubierta con un sombrerón de paja y sentado en el trillo, aquel tosco trineo de madera gastada que avanzaba lento, torpe, monótono como arrastrado por un burro uncido al mástil de una noria, machacaba espigas, separando la paja del grano. Sobre la era se dejaba caer un sol de fritura y como la trilla siempre está envuelta en una leve nube de polvo dorado, permanentemente se tenía a mano el botijo con agua fresca, pero ese día y en ese momento, todos sudorosos y sedientos, la famosa vasija estaba vacía. Me envió mi padre al manantial que no estaba precisamente a corta distancia, a lo lejos en la falda del monte.
 -Deprisa -me dijo- ¿me oyes? Más volando que corriendo. ¿Entendido?
 Sí, padre -y salí zumbando, llegué a la fuente y sacié mi sed con buenos tragos de agua clara y fresca, llené el botijo y..., el diablo me tentó poniendo ante mis ojos una irresistible tentación, una llamativa urraca de plumaje blanco y negro con larga cola que con mucho revoloteo y las peores intenciones perseguía a un asustado jilguero. ¿Qué otra cosa podía hacer que preparar el tirapiedras y salir tras ella? Es justo lo que hice, pero cometí un error imperdonable, dejé el botijo lleno tostándose al sol abrasador que caía sobre él. Me olvide por completo de que el tiempo corre y de la recomendación paterna, se me fue el rato sin enterarme en la persecución sigilosa de árbol en árbol tras la escurridiza marica, me entretuve excesivamente en el juego, hasta que de pronto me asusté.       
-Hay, madre, ¡mi padre!
Imaginando lo contento que estaría el autor de mis días, salí disparado sin reparar que el botijo ardía y llegué a la era sofocado, y jadeante, con la lengua fuera. Si ya de crío no hubiera dado claras muestras de ser más tontaina que un pato de goma y razonando   cambio el agua caliente del piporro, presentándome ante los acuciados por la  vehemente sed, tarde pero con agua fresca me hubieran recibido con una regañina, pero mi progenitor no me pone la mano encima. Al probar el agua punto menos que hirviendo me obsequió un par de magníficas bofetadas. Reconozco que merecidamente, por ello ni lloré, tomó de nuevo el cachirulo y corriendo a todo corre, en un abrir y cerrar de ojos estuve de vuelta con la botija rebosante de agua deliciosamente fresca.
Esos sopapos de lujo significaron mucho para mí y se me quedaron grabados para siempre en la memoria, porque fueron los primeros y los últimos que recibí de mi padre, dado que él, como me ocurre a mí, no era partidario de ir sentando la mano sobre sus retoños, aunque  hay que reconoce que de cuando en cuando una bofetada oportuna no está nada mal.
Besos y abrazos.

MUÑECAS RUSAS



MUÑECAS RUSAS
Valladolid, 4 de Agosto de 2001
Querida hija: Son 120 los días transcurridos desde aquel de tu intervención quirúrgica y restablecida felizmente la herida abierta y logrado deshacerte de la abundante humanidad echando fuera la chichi y tocinillo que colgaba de tu cuerpo, y como todo va perfectamente bien y tu corazón salta de alegría muy justificadamente, porque salvo error u omisión, cuántos son ¿20? ¿O ya son más? No sé, ¿25? Tal vez. ¿O treinta? Sabiendo como bajas de muchos en muchos uno se queda de pasta de boniato. Es una auténtica gozada saberte una Pili nueva, llena de buenas vibraciones, saboreando los días que vas invirtiendo en lograr tu objetivo.
Van cuatro meses exactos de e-mails diarios, sin faltar uno y estoy empezando a considerar misión cumplida, de liberándome, relativamente, del compromiso del correo electrónico cotidiano por la simple razón de que ya no me necesitas, suponiendo que alguna vez me hayas necesitado. Seguiré escribiendo, naturalmente, aunque quizá no tan asiduamente, ni tan en exclusiva, lo haré para todos los hijos en general.
Decir mucho es decir poco lo satisfecha que te has de sentir encontrándote tan liberada, de ver brotar de tu cuerpo otro nuevo, de mirar hacia atrás y hacia delante y reír feliz sintiéndote como las muñecas rusas, una Pili dentro de otra, y otra, y otra más esbelta y jovial, y otra más vaporosa y reidora, y otra más sutil y optimista...
Hija, ahora que comer tan sobriamente, como un pajarito, harás bien desayunar faisán trufado con champán, dormir a pierna suelta y reír mucho, muchísimo.

Besos y abrazos

HORARIO OFICIOSO



HORARIO OFICIOSO
Valladolid 2 de Agosto de 2001

Queridos hijos: La hora oficial prolonga las tardes más allá de los límites del día, así ocurre que a las diez, que debiera  ser noche cerrada, aún los rayos solares iluminan el horizonte.
Hay personas, y no en número escaso, que nunca  han visto nacer un nuevo día porque cuando se tiran de la cama ya está mediada la mañana, y se sorprenderían mucho si supieran que el sol sale tan temprano, es por ello que no llegan a comprender el porqué se establece la hora oficial, sin embargo la razón es importante: se trata de restringir de modo significativo energía eléctrica sirviéndose de la luminosa luz solar gratis en vez de la artificial fuliginosa, nociva y cara.

La explicación es luminosamente sencilla: cuando la hora oficial señala las ocho de la mañana, momento habitual de abandonar el lecho, el personal para iniciar su jornada laboral y los estudiantes de acudir a sus colegios, para los efectos solares son apenas las seis de la madrugada, justo el momento en que el sol hace su aparición iluminando el mundo.
Consecuencia lógica: de saltar del catre de una a otra hora supone un freno al gasto energético de dos horas. Por la tarde ocurre otro tanto de lo mismo, si no es que más, porque el trasnochador que se retira a soñar con los angelitos a medianoche porque al siguiente día ha de madrugar, lo está haciendo en realidad  apenas rebasadas las diez, que es cuando hace mutis el Astro Rey.
Entonces, veamos, sumadas las horas de ahorro de energía eléctrica tanto matutinas como vespertinas se puede establecer en cinco las horas diarias por familia. La hora oficial rige durante seis meses, es decir, ciento ochenta días que multiplicadas por las horas diarias de economía familiar, en números redondos vienen a resultar unas mil por temporada en todas y cada una de las familias. Si con  esta importante cantidad se efectúa el sencillo calculo de multiplicar por los doce millones de familias españolas no es necesario ser Eintein para caer en la cuanta que el significativo producto señala el enorme ahorro de fluido eléctrico que origina el sistema horario oficial.
Hijos, conocéis mi raro modo vivendi, al que no afecta ni poco ni mucho el oficioso horario en razón de que mi sueño se rige por el sol, acostándome cuando él desaparece y levantándome cuando hace su aparición, pero no todo el mundo es tan rara avis como yo y el tema reviste significativa importancia.
Paternales deseos de que vuestro corazón palpite pletórico de gozo.
Besos y abrazos