Historias de toda una vida

Cartas que agrada recibir

domingo, 6 de abril de 2014

HIJA GASTROPLÁSTICA



HIJA GASTROPLÁSTICA

Melilla 6 Abril de 2001
M’ija, en breve exgordis: Tu gastroplastia, intervención quirúrgica adelgazadora, me ha sugerido la idea de lanzarme a esta aventura; en tanto en cuanto no desengordes y pierdas tu opulencia y exuberancia y te vea convertida en un costal de huesos, te van a llover los e-mails, correo electrónico un día si y otro también como el pan nuestro cotidiano, a más de que, para que te resulte estimulante, lo más rosa posible, en términos tan mimosos que, como la miel, te ayude a cicatrizar la herida. Tal me he propuesto e impuesto, a ver si cumplo.
Lo que de momento nos interesa fundamentalmente es saber lo que ya sabemos, que estás como una rosa, que no te duele mucho, y si te duele, te aguantas a lo mero macho. Hombre, claro, así se habla, sí señora.
El hecho de que tengas que repetir una docena de veces tu estado salutífero resulta positivo, es indicativo de que la gente se interesa por ti, ¿o prefieres ser  olvidada?
Tu apá  en las presentes circunstancias te aconseja vivir sin prisas ni sofocones, de modo alguno sumirte en un estado de ansiedad, y cuando se obre el prodigio de  sacarte de encima el lastre que te atosiga, con tu nueva grata presencia y tu despierto cacumen (mucho taliento en el celebro) seas una nueva mujer desbordante de alegría y buen humor, que sepas  gozar de las menudencias de las que está llena la vida. Una nueva Pili con un corazón lleno de buenas vibraciones  y la boca de risas, porque conviene no olvidar que la risa es al   hombre  lo que el sol a las flores.
Aunque no me lo pides, como padre te daré un consejo: puesto que has de comer  poco, hazlo sacándole el máximo provecho, es decir, con los cinco sentidos, que con todos se come: la vista, el oído, el tacto, el olfato, y, por supuesto, con el gusto, ¿vale?


Un beso  con chasquido en cada moflete de tu apá

sábado, 5 de abril de 2014

FÉLIX A SER FELIZ



FÉLIX A SER FELIZ
Melilla 30 de Abril de 2001

Estimado amigo Licerio: Son las siete y cuarto de la mañana y mira, verás: Después de una noche tibia y callada como las de Veracruz  y un crepúsculo algo más corto que los de Valladolid, la línea del horizonte, donde se besan el mar y el cielo se tiñe de un vistoso color anaranjado que se va intensificando en un punto determinado, exactamente frente a mí, y cuando ese tono naranja se torna casi sangre, aparece el primer resquicio del disco solar. Rápidamente va mostrando por completo su carota dorada y sonriente, semejando totalmente un gran medallón de oro pulido y cuyos primeros rayos incendian el mar y el agua centellea bajo la luz de ese sol recién nacido. No deja de tener su grado de emoción ver nacer un nuevo día, se experimenta una grata sensación de bienestar.

Pero eso no es todo, aún hay más, algo que no lo digo en tono alabancioso ni para provocar envidiejas, pero mi hija vive en una casa situada en un lugar de aurora boreal, mejor imposible: en la playa mismamente, el agua la alcanzamos, como quien dice, con la mano. Tanto cuanto barco grande o pequeño que entre o salga de Melilla ha de pasar impepinablemente delante de nuestras narices. Me encanta mirar y mirar. El mar, justo hasta el rompeolas, es de un azul verdoso, allí cambia bruscamente a un azulón añil que se mantiene hasta el horizonte, donde se abraza con un cielo de un azulillo suave que va ascendiendo pasando gradualmente por una gama de azules hasta alcanzar el cenit que se intensifica al máximo, llegando a asemejarse al espléndido  color del firmamento vallisoletano de los buenos días.

¿Piensas que ya lo he dicho todo?  Pues no, aún queda más, lo mejor, mi hija es una mujer, apacible y alegre que todo lo hace con buen grado y simpatía, por lo que vivir a su lado es cosa grata, es gozar de paz y tranquilidad. O séase, que estoy pasando unas vacaciones contentorro, lleno el cuerpo de buenas vibraciones y la boca de risas, lo que es estupendo, porque no conviene olvidar que la risa es al hombre lo que el sol a las flores.

Hace años, no muchos, cuando mi espalda era otra,  Melilla era para mí un pañuelo que recorría cómodamente a pie, ahora ya no tanto, pero con mi hija, automovilísticamente callejeamos que es un primor por una ciudad transformada hasta casi convertirse en una bella desconocida. La vida aquí según en qué y cómo, esta más barata. Por poner un ejemplo: la gasolina sin plomo, 90 pelas, la super, veinte duritos. El pescado, ayer compre salmonetes y gambas, ambos a mil pesetas el kilo. Por cierto, como estoy de vacaciones, y bien sabes que tengo mucho taliento en el celebro y tengo que usarlo para que no se me evapore, he decidido que he de  tratarme como si fuera mi mejor amigo. Al fin y al cabo, así debe de ser, voy a alegrar el estómago con unas gambitas al ajillo  de chupe lere, porque si el estómago está contento, alto está el ánimo. Te llevaría  un par de kilos, pero amor con amor se paga, tú de las bodas nada me trajiste.

Voy a hablar con franqueza y confianza, tú, Licerio, listo no eres, te gano al mus, te gano al billar, te gano a comer y beber...pero la verdad, y  todo y solo la verdad, tontito del todo tampoco, así que echa a volar la imaginación y contémplame tal cual estoy tumbadote en la terraza ante una vista espléndida,  a la derecha, ahí mismo, quinientos metros, el puerto marroquí de Beni-enzar, aquí mismo, a la izquierda, el de Melilla, debajo la playa bulliciosa y frente por frente la bahía animada con motoras rápidas, algunos pequeños veleros y, casualmente ahora parte el Ferry con destino a Málaga; en el cielo luciendo un sol espléndido que a mí me llega tibio y acariciador porque tengo funcionando  el aire acondicionado, es decir, que sopla una brisita marina que es el mejor ventilador disipador de calores excesivos. Pues bien, así como me ves, me digo a mí mismo: Félix, a ser feliz. Y como lo soy, dentro de lo que cabe, echo también mano a la varita mágica de la imaginación y ensimismado, metido en hondas ensoñaciones fantaseo con una idea levemente irreal, toda una utopía. Verás lo que ha pasado por mi cabezota. Pienso que la vida, bien considerado, no es vegetar, que debiera ser saltarse a la torera la realidad e intentar hacer posible lo imposible. Me explico, si puedo: si ahora mismo se me hiciera visible un portentoso mago (Dios, Alá, Jehová...), y se ofreciese a concederme un deseo, lo que iba a pedir sería que de pronto a los seres humanos nos brotasen alas en el corazón para volar hacia los demás, esto es, capacidad para mirar al prójimo con ojos alegres, benevolentes, hasta con cariño y de este modo ser todos perfectamente felices. Será difícil, por no considerarlo imposible, pero ¿a que sería bonito se hiciera realidad el prodigio tal como lo he imaginado?

Licerio, sé que me tienes envidia porque soy más guapo que tú, pese a ello y para patentizar que tengo un corazón de oro que rebosa sentimientos amistosos, te envío un abrazote que deje claro para siempre que te estimo al máximo. Otro, con todo el respeto del mundo, para tu santa esposa, que ella si es buena, y no tú.  Ah, que no se me olvide, saludos a los amigos.

Salud y felicidad,

Félix
P.D.   Licerio esta carta te llagará  no sé cuando y no sé desde donde, quizás la recibas desde el mismo Valladolid, aunque yo esté aun aquí en Melilla. Se la envío a una nieta que vive allí, por medio del correo electrónico.

viernes, 4 de abril de 2014

EL ÁRBOL MARAVILLOSOS AMIGO DEL HOMBRE



EL ÁRBOL MARAVILLOSOS AMIGO DEL HOMBRE
Valladolid 2004

Queridos  hijos: Como amigo entrañable del Campo Grande, sonrisa y pulmón de Valladolid, le paseo mucho, en todas direcciones y en todo tiempo. En primavera, pintado de todos los colores; en verano cuando la luz lo inunda todo y predomina el verde oscuro, en otoño teñido de rojo y oro, ahora en pleno invierno de tono cobrizo. Cuando el tiempo es propicio me resulta placentero sentar frente al lago y rodeado de cisnes, patos, palomas, gorriones y pavos reales ponerme a fantasear. Por poner un ejemplo, en aquella España de cuando entonces, de la que se dice, y creo que se dice bien, era un país mitad selva virgen y el resto jardín botánico. Pero ¿Quién quema el bosque? Dendrófogos y piromaniacos son los culpables de haber reducido aquella Iberia a la que una ardilla podía cruzarla en cruz sin pisar tierra, esto es, desde la desembocadura del Duero a la del Jucar, del Peñón hasta Roncesvalles, en la actual Piel de Toro, lo que conlleva tantos perjuicios. Hoy se tiene más conciencia de la influencia del árbol en todos los terrenos, pero aún así en absoluto faltan enemigos acérrimos del monte.

Rebeca con apenas ocho añitos era la admiración de los jardineros del parque-jardín por conocer por su nombre todos los árboles que le pueblan, ello porque siempre he puesto el máximo interés el inculcar en los nietos amor y respeto hacia las plantas y los animales, haciéndoles ver que el árbol es un maravilloso amigo del hombre, porque son, entre otras cosas, muchas otras cosas, la base del equilibrio atmosférico, y por ser manantial de oxígeno nos resuelve la cuestión respiratoria, etc., etc. Pero, pese a ello, existen dos tipos de personas, las que consideran como misión en su vida “escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo”, y los otros cortar árboles, quemar libros y evitar hijos. Por supuesto, entre estos no faltan quienes acusan directamente al árbol de ser culpable de las alegrías, no entienden que es una falsa acusación, porque resulta más que evidente que el polen no provoca nada, es sólo un avisador del deterioro ambiental y las tales alergias no se curan talando, ni quemando el monte, sino eliminando la contaminación.

Hijos, bien conocéis mi ilusión por plantar en el campo grande un árbol para señalar muy significativamente algún acontecimiento notable familiar: la primera comunión de Rebeca un roble americano; de Cris, un sauce piramidal; Raquel, tilo; Jorge, sauce llorón; Javi, secuoya; Raúl y Rodrigo dos alisos; Bautizos de María y Marina, dos abedules.

Aún hay más, catalpas, alianthus, árbol del amor, sabino….

Besos y abrazos

jueves, 3 de abril de 2014

INDÍGENA HUACHICHILA



INDÍGENA HUACHICHILA
Valladolid 2007
Queridísima indígena huachichila: Tal como lo siento lo digo, eres un caso excepcional de mujer con carácter tierno, mimoso y zalamero que con la sensibilidad a flor de piel te hace tan vulnerable que el mínimo roce te hiere penosamente y en razón de ello vives cargada de tensión emocional y el corazón lastimado; lo que mina tu salud.

Sería bonito, más que bonito estupendo, que te pusieras a luchar denodadamente por hacerte más dura, más resistente a tu hipersensibilidad para que llenándote de entusiasmo, amor, humor, alegría paz y armonía, las cosas, sin duda alguna, te irán a toda eme.
Piénsalo. Porque has de admitir que no todos nacen con un temperamento querindongo y zagaratero, les habemos bruscotes e insultativos.  ¡Qué se le va a hacer!
Indita patitarajada, chica lista, que vales mucho, pero tal vez ignores que la mujer es el animal más bello del redondo mundo, pero endemoniadamente complicada, contradictoria y compleja; pero sí sabes que el hombre, hecho de barro como los botijos, y una mezcla de elementos dispares, instintos, razón, sensibilidad, fantasía, temperamento, voluntad, y, escucha bien lo que digo, material suficiente para hacer de cada hombre un santo... si se manipula correctamente. Por sabido se olvida que el hombre es lo que su mujer quiere que sea.
Silvia, carita aindiada color de miel, estoy imaginando volar mágicamente a México lindo al encuentro de tus deliciosas manos curapiés para que con tus expertos cuidados dejes las patotas elefantiosas de tu insultativo suegro como nuevas. ¿Vale?  A cambio, mi otra hija más, porque te quiero    mucho, muchísimo, te voy a sugerir que practiques el mejor de los ejercicios: reír. Ríe mucho, a más no poder, porque, quiero que lo sepas que la risa es poco menos que la madre de todas las ciencias, por ello hace milagros curativos, tanto físicos como mentales.
Encantadora nuera, mira, tú, insisto, no me importa ser reiterativo, llena tu corazón de lo dicho: entusiasmo, amor, humor, alegría, paz    y armonía y verás logrado el milagro portentoso de hacer de tu marido un santo.
Adiós, dos besitos, uno en cada carrillo de esa carita de color canela y miel.
Abrazos,